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DEFENSA
PERSONAL
Por: Cecilio
Méndez Romero
1ro de mayo de
2007.
Saludos.
Posiblemente algunos de ustedes me reconozcan por mi nombre o por
algunas de mis actividades. Quizás otros no me reconozcan ni por uno
ni por las otras. Para refrescar la memoria a los primeros y para
introducirme con los segundos, les ofrezco algunos datos generales
sobre mí. Estimo que es necesario para colocar en justa perspectiva
la información que discutiré en este espacio.
Soy un
autodidacta (+ ó -) que se jubiló del gobierno estatal en abril de
1999. Veterano de Viet Nam (de los que visitó ese lejano país –Chu-Lai
1968). He estado envuelto en casi todos los aspectos relacionados
con el uso y manejo legal de armas de fuego. Aunque no me considero
un experto, puedo sostener una larga discusión, en cualquier foro,
para defender el Derecho a tener armas de fuego que nos cobija como
ciudadanos americanos.
{Nada de política.
Aquellos nacidos antes de julio de 1898, que quedan muy pocos,
tienen dos ciudadanías – la Puertorriqueña y la Americana. Los que
han solicitado recientemente la ciudadanía Puertorriqueña pueden
dividirse en dos grupos básicos: Con dos ciudadanías (casados cuyo
cónyuge no renunció a la ciudadanía Americana) y ciudadanos
Puertorriqueños (que posiblemente necesitarán una visa, en algún
futuro previsible, para residir en su propia tierra. Digo yo.}
Pero, perdonen la digresión.
Aunque practiqué por muchos años el deporte de
tiro al blanco y mantengo alguna relación con esos eventos, el
énfasis de mi proceso educacional resalta la defensa personal. De
hecho, como presidente de la Sociedad Puertorriqueña de Educadores y
Entrenadores de Defensa (SPEED),
promuevo y practico esa fórmula de enseñanza. Tengo preparado y casi
listo para publicar, un manual básico que explica generalmente el
proceso. Explicarlo en detalle ocupará varios textos de buen
tamaño.
Me preocupa y me entristece que todavía se
utilice para enseñanza, en algunos lugares y por algunas personas,
únicamente los fundamentos de tiro al blanco. Aunque esos
fundamentos relacionados con la seguridad y el manejo adecuado de
estos instrumentos son exactamente iguales; tanto para el deporte
como para la defensa personal; existe una diferencia abismal entre
una y otra actividad (deporte vs. defensa).
El deporte de tiro tradicional, o de alto
rendimiento, es una actividad pasiva. Aún en los eventos
“prácticos” (IPSC, IDPA, etc.), donde se requiere una mayor
actividad física de los participantes, las tarjetas o blancos no
atacan ni devuelven los disparos. Un buen deportista carece de
muchos elementos requeridos para efectuar una buena defensa
personal. Por lo tanto; la educación “deportiva” no refleja,
necesariamente, la capacidad “defensiva” del que recibe tal
educación. Peor aún, si uno de estos tuviera la suerte de salir
airoso contra un atacante (cosa que respaldo enfáticamente), es
posible que el desconocimiento de ciertos aspectos legales los
conduzca a la cárcel.
Para empeorar aún más las cosas, existe una
enorme cantidad de información incorrecta, incompleta, ilegal y…
estúpida, pululando en los corillos donde se reúnen las personas
interesadas en “conocer algo” sobre armas de fuego. Los clubes de
tiro y las armerías son visitados por ciertos “expertos”, listos a
ofrecer libre y voluntariamente, una versión propia de la ley y de
los procedimientos judiciales. En su mayoría, esos “expertos”
obtienen su información de las películas de acción (Hollywood), de
las noticias locales e internacionales y de fuentes carentes de
crédito, como lo son otros “expertos” como ellos.
Desafortunadamente; “En casa del ciego, el tuerto es rey.”
Al que no sabe nada, es posible
convencerlo con idioteces bien expresadas.
No soy abogado, ni pretendo hacerme pasar por uno.
Son las primeras, o casi las primeras, palabras que expreso a las
personas que toman el curso de uso y manejo de armas conmigo. Luego
les explico que la información que escucharán, es un compendio
informativo, obtenido de conversaciones con jueces, fiscales,
alguaciles, policías y otros agentes del orden público y del sistema
judicial. Que la misma es “utilizable” por una persona autorizada a
deponer en las salas de justicia en Puerto Rico – léase “Abogado”.
También les indico que mi función es informar; no es interpretar la
ley, ni ofrecer consejo legal. Claro, mi experiencia me permite
decir algunas cosas con cierta autoridad y perspectiva; enfatizando
siempre que esto es un proceso de enseñanza/aprendizaje.
Esa práctica me ha ganado algunas críticas,
especialmente entre los instructores más tradicionales. Algunos
dicen que yo enseño a matar. Realmente lo que enseño es a reconocer
que las armas de fuego tienen la capacidad para hacer grave daño
corporal, incluyendo la muerte. Los criminales también lo saben.
Por eso digo, enseño y sostengo, que jamás utilizaré mis armas de
fuego para matar; sólo las utilizaré para evitar que me maten a mí u
otra persona inocente. ¡Y eso, hermanos, son otros veinte pesos!
Ya conocen algo sobre mí y el grupo que
represento. Espero que utilicen este medio como una oportunidad
adicional para establecer el diálogo entre todos los interesados.
Si no; lo utilizaré yo solo, como monólogo para expresar mi
opinión.
Hasta la próxima.
Email:
ceciliomr@yahoo.com
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